26 ene. 2006

VIVIENDA Y OKUPAS

Lluis Casas


Después de unas bien ganadas vacaciones, retomo el asunto de mi corazón: la vivienda.


Las elecciones catalanas eran una excelente ocasión para que este negocio que llevamos tan mal se introdujera con sentido y con fuerza en la agenda política (cosa inexistente hoy en día, dado que está muy lejos de nuestra realidad la política pensada y bien ordenada). Mis esperanzas las expresé en alguno de los últimos artículos del pasado año, justo antes de la fecha del 1 de noviembre. Bien, hoy podemos valorar el estado de la cuestión post electoral y con un nuevo gobierno catalán de izquierdas. Tenemos algunos excelentes indicadores como mínimo renovados, por no decir nuevos. A continuación los enumero:

1. la evolución reciente del precio de la vivienda sigue su aumento a tasas incomprensibles desde la perspectiva de su valor de uso. Todo hay que decirlo, se ha reducido en algunos puntos la tasa de crecimiento. No echen las campanas al vuelo, no se si se han fijado que los tipos han subido, por lo que el coste se mantiene. Bendita macroeconomía.
2. el mundo nos amenaza con una crisis inmobiliaria, pero el “mercado” español no le hace mucho caso. Al menos de momento, pero hay ahí una señal significativa que podría conducir a una crisis dura, con efectos lamentables sobre la economía de las familias hipotecadas o acreditadas (metidas en créditos). La deriva del problema a la macroeconomía sería potentísima. Los agentes supervisores están tomando medidas. Todos ellos han cruzado los dedos.
3. la deuda inmobiliaria o financiera por créditos con garantía en la vivienda e hipotecas crece y se utiliza para financiar otros bienes, claro está, ajenos a la propia vivienda. El incremento del valor de la vivienda impele a las familias poco razonables a aumentar en base a créditos su consumo. Fíjense en los vehículos de lujo que circulan por ahí: ¿son todos propiedad de altos ejecutivos de banca? Ahí hay en el fondo un pensamiento profundamente conservador e imaginativo: si mi vivienda está valorada en 60 millones de pesetas (en euros impresiona menos), voy a vivir de acuerdo con ello (la haya pagado o no).
4. la vivienda de promoción o protección pública sigue creciendo a tasas tan pequeñas que no hace mella significativa en el sistema de precios, sea en venta o alquiler. Lo anterior no es una crítica, al contrario. Sus efectos son lentos y se harán notar a largo plazo.
5. La debilidad en la actitud de las políticas públicas y de los políticos responsables frente al acoso del mercado tampoco ayuda a hacer reflexionar a la población.
6. los movimientos sociológicos frente al difícil acceso a la vivienda están cambiando, el país va a tener voces nuevas al respecto y una situación política más compleja que hasta ahora. Cómo y qué se cuece está por ver, pero es inevitable que haya nuevos sujetos de acción social. Los avisos están llegando en forma de movilizaciones, acciones de protesta, etc. Ojo a la campaña electoral francesa, ahí van a hilar fino e incluso la derecha va a hacer bandera de programas amplios sobre vivienda.
7. la sensibilidad de administraciones y políticos, sean partidos o dirigentes, no ha asumido la dimensión del problema, ni sus derivadas posibles para el próximo futuro. De ahí que se mantenga una escasa inteligencia de los debates en torno a la cuestión y mucha frivolidad en las propuestas cruzadas que circulan de momento en la prensa y en algún parlamento, sin aplicación observable inmediata.


Veamos ahora el entorno mediático y político. En Cataluña se observa con una ligera superioridad moral los estragos de la corrupción inmobiliaria en tantos otros territorios peninsulares, insulares o costeros. Postura poco razonable puesto que nadie está a salvo del fenómeno. Cualquier día nos vamos a enterar de la verdad. La misma postura se repite, ahora con una cierta incomodidad, respecto a la planificación urbanística y al afán constructivo. En este asunto, Cataluña no es un buen ejemplo. La aportación catalana a la destrucción territorial es notoria con solo abrir los ojos. Pero estos dos pequeños asuntos quedan parcialmente oscurecidos por un extraviado debate en torno a dos absurdos ejes: los okupas y la expropiación. Ambos, lógicamente, vinculados a la extrema sensibilidad de la sacrosanta propiedad privada. Se incorporan al extraño debate (F. Fernán Gómez: el extraño viaje) otras consideraciones de peso, la tributación sobre las viviendas vacías y algunos otros temas del mismo y extraordinario interés. No crean que no son importantes, al contrario llenan las portadas y las páginas de la derecha (en los dos sentidos del concepto) de los periódicos.


De este modo, en Cataluña se está consiguiendo que nadie entienda nada. Supongo que es el objetivo perseguido, el problema de la vivienda, de su coste, los programas económicos y urbanísticos para su desarrollo campan olvidados en alguna estepa siberiana. Lo importante es el asalto en toda regla de los okupas a la propiedad privada, enajenando una o dos viviendas o locales anuales al fundamento de la sociedad opulenta.


Es una verdadera crisis social que exige la movilización de la Brunete. ¡Okupas al paredón!


Lejos de mí defender en abstracto la ocupación, pero tampoco convertir un movimiento errático y poco coherente en el mal absoluto y en arma arrojadiza. El asunto tiene solución con acción policial y sin ella, a poco que nos pongamos a ello.


La expropiación es otro de los problemas morales que se discuten, a propósito de unas hipotéticas acciones públicas sobre propiedades no utilizadas y necesarias para una política de vivienda. Hay que decir que se trata de una expropiación temporal y en circunstancias más que extremas. En definitiva, una acción que no se va a producir jamás o solo una vez. La derecha, una parte de la dolosa izquierda y todos los necesitados de portada llevan un año con ello arriba y abajo, dando la lata.


Parecen desconocer que la expropiación es una figura jurídica debidamente legalizada, regulada y con un precio casi tan alto como el de mercado, sino más. La expropiación es una realidad cotidiana en ferrocarriles, carreteras, planeamiento urbano y mil cosas más absolutamente normales en una sociedad en desarrollo. No he oído nunca una campaña empresarial para proteger la propiedad cuando del AVE se trata, o del aeropuerto, o de una zona de servicios empresariales.


Debo deducir por ello que hay expropiación buena y expropiación mala en función de a quien se expropia. Para acabarlo de arreglar, últimamente se añaden nuevas y brillantes ideas, la anotación marginal que tal vez podría aplicarse una tributación sobre las viviendas vacías permanentemente, a modo de incentivo negativo para provocar su salida al mercado, por ejemplo. No creo que sea una medida “arrauxada”, existe en otros lugares no lunares, cerca y lejos de aquí. Pero lo verdaderamente importante es si es una medida útil. El tío Solves, con su habitual sabiduría, ha dudado de ella, cree que no serviría para mucho y que tampoco generaría una corriente de oro fiscal. Tiene más razón que un santo. Apunto que la medida aparentemente tiene su lógica y aparte de respetable debe debatirse y considerarse como una más del montón, pero no debe interferir en lo principal: estamos hablando del mayor problema del país. Por mi parte, creo que con la tributación sobre viviendas vacías permanentemente conseguiríamos la movilización total de los abuelos, tíos y tías solteros, primos lejanos y el resto de la familia sin domicilio conocido. El padrón y el censo arderían. La financiación local se volvería loca. La distribución demográfica saltaría hecha pedazos. Creo que me explico.

En fin, que más voy a decirles. En seis meses hemos avanzado un centímetro y tenemos la meta a varios kilómetros. Todo un éxito. Todo ello muy arregladito para impedir que vivir en algún sitio a cubierto no se transforme en una aventura equinoccial.


1 comentario:

mafhier dijo...

Es comprensible la admiración que sentís por Ángel, que aumentará cuando sepais del comportamiento que mantuvo ante la politico- social en la caída de 1960, una frase que creo debe pasar a la Historia. Ante los verdugos, dijo: Vosotros también medís a los hombres por su estatura? Cordiales saludos Manuel